6.6.18

tenemos miedo de estar acompañados.
somos este miedo abrazados en nuestra inseguridad, en le desgano, en el desprecio por nosotros mismos, dejame en mi autodestrucción solo, no vengas, no te acerques.
si una persona nos quiere así de rotos, por qué tendemos al rechazo, a alejarla, a escupirle cada palabra y llenarla de peros. vamos a hacerle la vida imposible, el autoboicot ahora es un mundo de a dos hasta que deje de ser solo mio. ponele que lo hacemos por culpa.

un mundo de dos.
un ratito, porque ese mundo nunca será de a dos. porque no quiero que tu mundo sea como el mío, te merecés algo mejor, no esta degradación de sentidos, la falta de tacto y de ganas.

como el estallido es inminente, todo el tiempo
a quien se anime a acompañarme,
voy a alejar
para que no sea alcanzada por estas esquirlas.

ese terror de que no queremos ser acompañados,
algo de altruismo
algo de egoísmo
algo de empatía.

 ///

el estallido es inminente.

el estallido ya se produjo.

el estallido es todos los días, antes de dormir, antes de despertar
esperando un colectivo, queriendo tener la inteligencia necesaria para inventar una capa invisible.

tenemos terror a dejarnos acompañar.
si no puedo con mi vida, cómo puedo hacerme cargo de vos.


///

entonces, cómo hago para hacerme cargo de lo que te pasa a vos conmigo.

pero yo no quiero que te hagas cargo de nada, es mambo mío.

igual, me lo cargás todo el tiempo. y a mí me da miedo, me da miedo y genera culpa que te pasen cosas conmigo.

pero si sos tan egoísta para pensar eso, pensá que yo también quiero ser egoísta para sentir esto de que me pasen cosas con vos.

pero siento angustia porque estás esperando algo que yo no te puedo dar.

yo no espero nada de vos. bah, sí. espero lo mismo que espero de mí. poder, aguantar, avanzar.

pero no puedo ni con mi vida, cómo voy a poder con esto que nos pasa.

porque yo tampoco puedo con mi vida y quiero creer que voy a poder con esto que nos pasa.

pero es mentira eso.

obvio que lo es. pero en el intento, sonrío.

mentira, en el intento te enojás.

no me enojo, es impotencia.

es lo mismo, te enojás conmigo.

no me enojo con vos, me enojo con los dos.

es una estupidez lo que decís.

lo sé.

¿y entonces?

me enojo porque sé que en algo, un poco, podemos.

¿qué podemos?

salvarnos… no, salvarnos no, eso no existe, ya estamos condenados hace tiempo, pero acompañarnos, hacer más leve esta pena.

sos un pelotudo.

sí, pero más pelotudo soy si no estás conmigo.

no digas eso.

perdón, es que si vos sos egoísta, yo quiero serlo un rato.

no soy egoísta.

sí, lo sos.

¿por qué?

porque me estás alejando.

pero vos mismo decís que te querés ir.

sí, me quiero ir pero me quiero quedar.

ves que sos un pelotudo, no estoy para esto.

yo tampoco, por eso me quiero quedar.

no, si ya dijiste que te querías ir.

sí, pero ya me explicaste que te pasaba.

¿y?

que me quiero quedar, si me dejás, para acompañarte.

yo no necesito a nadie que me acompañe y tampoco puedo acompañar a nadie.

acompañar… es una forma de decir.

¿y qué querés decir entonces?

no sé. acompañar, mirar juntos lo que nos hace doler, combatir los miedos.

no digas pelotudeces.

es que no me queda otra que decir pelotudeces. dejame sentir pelotudeces. quiero creer que podemos construir algo que en realidad sabemos que no vamos a construir.

¿y entonces para qué querés construir algo si sabés que no lo vamos a construir?

porque lo que importa es que estemos juntos intentando construir algo. no sé qué hay después, no sé cuánto puede durar, no sé si vos te caés arriba o se me caigo con vos. pero quiero intentarlo, nos merecemos eso. y como nos merecemos esto, puede pasar que terminemos construyendo algo indestructible.

no nos merecemos nada.

decíselo a tus ojos cuando se miran con los míos. decime si esas miradas no son reales. si esos abrazos no son reales.

pero no puedo con esto. no puedo con nada.

y yo tampoco puedo, no puedo con nada. y entiendo la sofocación, y entiendo el no poder respirar, y entiendo la distancia y entiendo el desaparecer. pero entendé que te extraño y que puedo decírtelo sin que eso signifique que tenés que venir corriendo a mí. obvio, sí, significa eso, porque amaría que pase eso, si no, no lo diría. pero no pasa por ahí, porque no venís corriendo y no me muero desangrado. pasa por el hecho de demostrarte que necesito eso que me das y que no sabés que podés dar.

¿qué te doy?

sonrisa. música. abrazos.

no digas boludeces.

no lo son. es lo más real que me pasó en el último tiempo y no tengo ganas de perderlo porque no nos animamos a poder.

no es que no me animo, no puedo conmigo, no me sale, estoy cansada.

ya lo sé, por eso no quiero sofocarte, por eso me alejo cuando te alejás, hasta que estallan mis ganas de vos y querer volver a tener una sonrisa genuina en el alma. ¿a vos no te pasa lo mismo?

no sé. sí.

¿y entonces?

entonces nada, no puedo. no me sale. no tengo ganas

hagamos una cosa. dejame ir a molestarte un rato, un abrazo, te dejo que me putees. después me voy. no tengo ganas de ir a ningún lado, nunca, pero a vos si quiero ir. porque siento que esto es real, un momento, un tiempo, no sé cuánto, esto es eternidad.

...

perdón, no te presiono más, vos avísame, yo voy a estar acá esperando de alguna forma eso de que me dejes acompañarte. porque, si me dejás acompañarte, vos también me acompañás. y es una forma de hacernos bien.

es una estupidez eso. no te puedo salvar, no me podés salvar.

yo no te quiero salvar, eso va a salir de vos. no quiero que me salves, eso va a salir de mí. pero quiero que estemos acompañándonos mientras nos salvamos. o quiero que estemos acompañándonos mientras decidimos no salvarnos.


///

la inmortalidad que me dan tus besos, despertarme y mirar tu espalda.
cogernos y ser invencibles.

no entiendo la gente que anda perdiendo tiempo en abrazos desgastados, oliendo a putrefacción, cuando el abrazo verdadero, el beso verdadero es ese que te genera mil preguntas, y te hace sonreír. estamos brillando en medio de este abrazo.

///

somos el miedo que le tenemos a dejarnos acompañar.

lo que nos cuesta dejarnos acompañar, creyendo que todo tiene que ser en soledad.

esa soledad que se rompe, esa soledad que se quiebra cuando de la nada, en el medio del frío
una mano agarra la tuya en la calle, e intentan sincronizar los pasos por un ratito, aunque sean distintas piernas, distintas alturas. agarrarse de la mano, sostenerse, acompañarse.

hacer milagros en un abrazo.

para combatir fantasmas,
para combatir esta devastación que nos produce estar con los ojos abiertos.

combatir, codo a codo, espalda con espalda, a kilómetros de distancia.

combatir y saber que hay un abrazo esperándote, para darte energía para otra batalla.


un abrazo sin mensajes oculto en las palabras y que sin vueltas metafóricas nos hace sonreír.

17.4.18

te vi bailando en la cocina y sonreí.
vos no estabas pero te vi bailando en la cocina y sonreí.
no sé por qué, pero apareciste.

mientras esperaba que se calentaran las empanadas
viniste vos,
y te vi bailando.
y eso que nunca habías bailado en mi cocina.

y el día que me cocinaste lo hacías apurada, nerviosa, a ver si no me gustaba lo que estabas haciendo.
me acuerdo que preferiste la birra, mientras yo mezclaba con vino.
quería acercarme de atrás, abrazarte, pero te vi nerviosa, pensando en qué plato inventar.
entonces no me acerqué. temí porque me rebanaras los dedos. además no nos conocíamos todavía. y no quería atosigarte.

pero de repente te ví bailando en mi cocina y no pude dejar de sonreír. creo que hasta me reí, no podía entender por qué tu sombra me había puesto feliz.

tu sombra. eso. ni recuerdo, tu sombra.

pero sonreír.
me tendrías que haber visto sonriendo así. estaba para que le saquen una foto y abajo le escriban "la sonrisa del mes".

me dieron ganas de hacerlo, unos segundos lo pensé.
te quería mostrar la sonrisa que todavía te recuerda.
porque te recuerdo y sonrío.
porque sonreí de una forma hermosa que hacía rato no sonreía.

y fue con tu sombra.

no sabés cómo bailabas, boluda.
y eso que nunca te vi bailar.
pero bailabas y la ternura se me desbordaba del cuerpo.

no podía parar de sonreír.

9.4.18

El ridículo deseo de que esta vida nos alcance. A vos y a mí.
Lejos de morirme de desesperanza, me aferro a ese fino hilo de posibilidad dentro de este océano de imposibilidades.
Somos imposibilidad.
Quiero hablar en plural, quiero nombrarnos en plural.
Pero no existimos en plural.
Y hay un fuerte deseo de que tu imposibilidad se vuelva alcanzable, que caminemos las mismas cuadras una y otra y otra vez para no tener nunca una botella de vino vacía.
Y para la persona que seas posibilidad, el dolor de no ser cómo él.
¿Qué tanta verdad existe en que alguna vez vos y yo nos sentemos a comer los canelones de mi vieja?
Por qué no podemos saltar en el mismo metro cuadrado, mirándonos a los ojos, sonriendo y girando hasta caernos extasiados.
Forzar el destino, forzar el mundo.
Forzar el destino porque el destino es tan perverso que seguro dice que no hay un vos y un yo descalzos en la misma playa.
Y de qué color será la frazada que nos envuelva para ver el amanecer. Seguro, una invisible, estamos tapados, desaparecimos, porque en la imagen no estamos ninguno de los dos, porque no existimos, porque la invisibilidad me acompaña hace tiempo y ni poniéndome anteojos que expongan mi posición voy a quedar realmente visible ante tus ojos.
“Vivo en una B Metropolitana constante”, me decís. “Yo ni siquiera estoy afiliado”, te respondería pero para qué, si en realidad vos jugas la Champions League y yo ni siquiera puedo hacer música con el güiro.
Pero en esta ni llegaron a afiliarme, por falta de público, por falta de vida, porque nunca voy a dejar de ser tan amateur para vos. Y el día que llegue hasta vos, voy a poner todo el equipo atrás. Aunque mi menottismo me lo prohíba. Hablamos de jogo bonito pero cuando te vea no voy a poder ni tocar cinco palabras seguidas por el miedo que me das.
Hay pocos universos que dan miedo. Te pienso y tengo que prender la luz, cerrar los ojos, llevarme las manos a la cara. Y como siento que seguís ahí adelante, abro los ojos despacio, al mismo tiempo que abro los dedos y te espío entre el espacio que dejan los dedos entreabiertos. Te miro y no puedo entender qué hacés ahí. Andate, quiero gritarte, quedate, quiero sonreírte, quedate un poquito más, hasta que se derrita el reloj, hasta que me caiga de la cama y me de cuenta que todo es un sueño.
Sos imposibilidad.
No hay nada más concreto y real.
Entonces remo, hasta que me doy cuenta que no llego a ningún lado, porque ya lo dijo Galeano y la utopía tiene forma de tus piernas.
Desaparezco, me voy, me hundo en la almohada porque si en unas horas despertamos va a ser todo para mejor. Pero en realidad me acuesto para soñar. Para que en mi cabeza aparezca tu piercing haciendo juego con nuestras sonrisas, el chino de nuestras miradas acercándose lentamente, jugando a no besarnos y no parar de sonreír. En mi sueño me estás cantando, suena una de Drexler y te pido que nos vayamos a vivir a Uruguay, a escaparnos un rato, que en el Buquebús no vamos a marearnos pero sí a cagarnos de frío, pero que no nos preocupemos porque vamos a encontrar un abrazo que nos de calor.
Y a vos no te gusta eso del abrazo, pero me acerco al frío para poder acercarme a vos.
Y me despierto. Y no suena tu canción.
Y todo lo que es imposible en este mundo, en cuál será realidad. Necesito vivir en ese mundo una vez, un día, dos meses, una existencia.
Como necesito vivir en el plural.
Como necesito vivir en el vos y yo.
Como que mires la agenda, como que mires en qué día, pronto, antes que se extinga esta llama de querer vencer la imposiblidad, como que mires la agenda y espontáneamente me digas, hoy, a tal hora. Y me pruebe mil ropas para ver con cuál me veo menos impresentable. Y llegue tarde porque recorrí kisokos y kioskos porque en ninguno cargan sube, porque seguramente pase eso, cuando nos veamos, la sube va a estar en negativo. 

4.3.18

despedir a los glaciares




"Y cuando el momento llegue, honremos nuestras heridas
celebremos la belleza que se aleja hacia otras vidas
y aunque la pena nos hiera, que no nos desampare
y que encontremos la manera de despedir a los glaciares".


Cómo no querer ser un peso, no molestar. La culpa hasta en el momento en el que menos la necesitás.

*

Desamor que amenaza con permanecer. Desamor que amenaza con impregnarse en el alma y ese vacío de miradas tristes que me persiguen hasta con los anteojos puestos. Estar oscuro, la sábana no deja ver la luz, estar a oscuras, desenamorado de todo. Intentar, sin saber cómo hacerlo ya, de todas las formas posibles. Intentar, llamar, gritar. Intentar hasta cansarse de intentar. Cansarse e intentar. Intentar por estar cansado de cansarse. Hasta que en algún momento, cuando ya ni quedan rastros de luz, llega una caricia que te salva, una caricia en forma de gesto. Y ese desamor se empieza a ir, se disuelve a pesar de las creencias que van permutando en el cuerpo a lo largo de los años, desamor que se vuelve a llenar de este amor, de palabras, gestos, abrazos invencibles, sentirse acompañado, y agradecer. Agradecer porque están, siempre están, de la forma que pueden, están. Y eso se agradece hoy, hace una semana y siempre.

*

Hay un montón de detalles y un solo gesto para explicar 30 años juntos. Un gesto que se desborda de mi cuerpo, de mis brazos que sostienen sus últimos suspiros. E intentar explicar que no hay un juego de palabras, ni nada imaginario, ni abstracciones, ni metáforas, ni intentos de literatura. Decir, gritar, en silencio, decir esto que se escapa de mi cuerpo, de aguantar, de aguantar hasta no aguantar, de aguantar con un hilo de luz, de vida, de resistir como todos estos años. De resistir y esperar, en silencio, sin poder hablar. Sin que lo entiendan. Sin aire. Quién sabe con qué fuerza, esa fuerza que siempre quise que me contagiara. Y ese gesto de esperar al abrazo, al sostenerlo, al pararlo. Ese gesto habla de él. Hasta en el último suspiro sus gestos hablan de él. Y mi cuerpo se desborda, mis brazos no resisten, me enojo, la impotencia se traduce en bronca, en enojo, y dónde está toda esa paz de la que tanto hablan. Y mis ojos no se desbordan, lo miran, mientras se escucha un grito.Y lo sigo mirando, y no sé muy bien cómo se reacciona en estos momentos. Le quiero dar mil besos, mil caricias, le quiero devolver todos los gestos que me dio todo este tiempo y que se coronan en este último gesto. No sé cómo mierda se puede honrar tanta lucha, no sé cómo mierda puedo llegar a ser una porcioncita de lo que fue. No sé si alguna vez tendré la valentía con la que caminó, con la que resistió tanto tiempo.

*

“Y es eso de no caer, de no sé si caí, si todo esto que está atorándose podrá salir, si podré salir sin culpa, si podré decir y aceptar, y llorar sin sentir que estoy siendo una carga para alguien que no sabe qué escucha y no sabe qué decir”. Y tampoco sé qué decirme, no lo sé.

Y ahora entiendo su silencio, tantos silencios, tanto bruxismo de alma, tanto morderse la lengua, agachar la cabeza, caminar y empujar.

*

Eso de agradecer.

*

Si no te sale nada, si no te salen las palabras, si no te sale descargarte, si estás atorado, si estás desalmado, si estás haciendo cuentas perdido en facturas, si estás entendiendo que nada es tan oscuro como lo imaginaste, si estás cuando creías que no ibas a estar, si estás, si hay una voz que te carcome el cuerpo, que te desgarra el pecho, que te estruje las vísceras, si hay una voz que está silenciada, si estás con una inminente amenaza de desborde, no te preocupes. No te preocupes si ahora no podés decir, hablar, gritar, escribir. No te preocupes. Todo lo que queda de vida vas a escribir sobre ese gesto, y vas a entender el romanticismo heróico que te va a acompañar el resto de los días.

*

Y él se bancó todas hasta el último segundo. Esperó, sin ver el reloj, esperó. Y esperó que me despertara.Y esperó que lo levantara. Esperó que lo sostuviera en mis brazos como él hizo tantos años. Esperó ese momento para dar sus últimos suspiros.

*

“¿Esa es su alma, la que sale de su boca, en esos suspiros, la que llega a mi cara, la que me abraza, la que se despide diciendo que va a estar siempre cerca mío?"

*

“¿Y esa es su alma, la que sale de su boca, en esos suspiros, que me dice que no llore, que todo va a estar bien, que me acaricia, que sale de su boca y me acaricia, que sale de su boca en suspiros, que sale de su boca y me abraza y me ama y me dice que todo va a estar bien mientras lo siga abrazando como estoy haciendo ahora mismo en el momento en el que su alma ya dejó su cuerpo?”

*

Me respira en la cara, se despide en mi cara, muere en mi cara.

*

Y lo sostengo hasta que me duele el cuerpo, hasta que se me escapa de las manos, hasta que no me dan más los brazos ni las piernas. Y lo abrazo hasta apoyarlo en la cama, esperando a verlo sonreír, contarle un chiste, hablarle de Huracán, hablar de las perras, y acostarme a su lado para ver una película, y sentir por un ratito largo que es eterno, que es esta eternidad.

*

Y, sí.

*

Por un ratito.
Por estas palabras.
Por estos suspiros.
Por quiénes lo rodeamos.
Por lo que amó.

*

Sí.

*

Es eterno.

3.8.17

Como que en el medio del tráfico empecé a leer el libro que me prestaste para entenderte un poco más. Porque no te conozco, porque no nos conocemos. Entonces quise sentirte cerca para escaparme un ratito de esa turbulencia que me ahoga.
¿Y cómo hago para que pasen las horas y los días, todo tiempo muerto entre abrazo y abrazo?
La injusticia acá, en estas palabras, para con el resto de mi vida, con mi vida básicamente. Hablar de tiempo muerto entre abrazo y abrazo puede sonar exagerado, pero nunca negué que no lo era. Y dormir de tu lado de la cama, y querer volver para no hacerlo más, para ponerme del lado de la silla y los libros y la ropa. Te dejo la mesita de luz, ese es tu lugar, me decís. Y a mi no me importa tener que apoyar mis miedos y mis dudas y mi vida en una silla que con cualquier movimiento puede derrumbarse.
No importa tener que desvestirme de todas mis dudas viejas y quedarme así, desnudo, ante tu abrazo que generan dudas nuevas. Aunque no son dudas. No sé qué son.
Dudas son otras cosas.
No la urgente necesidad de caer en tu abrazo. Esas no son dudas. Es realidad.
Me decís que no idealice. Pero no estoy idealizando.
Tu abrazo es terrenal. Y creo que por eso nos abrazamos tan bien. ¿Acaso no lo ves?, es medio ingenuo hablar de abrazos que se encastran, que se acoplan, que maridan en un lenguaje que no podemos explicar. Pero es eso. Esto.
Es ese abrazo en la silla. ¿Te dije que podía estar horas enteras así? Creo que sí, es que a veces me da miedo decir de más, por temor a que mi torpe impulso de sonrisa te asuste.
Acá suena una música que puede ser la banda sonora de esa imagen. No me acuerdo qué sonaba en ese momento, seguro que fueron varios temas porque estuvimos un largo rato envueltos en ese abrazo. Decime si no fue nuestra imagen más hermosa. Y esta brutalidad de tener que exagerar, pero vos en el fondo sabés que no exagero. Los dos nos necesitábamos así en ese momento. Y yo lo necesito ahora, todo el tiempo.
Por eso hablo de los tiempos muertos entre abrazo y abrazo, y no saber cómo vivir hasta un nuevo reencuentro, un nuevo saludo, un nuevo y el mismo abrazo. Como el primero, como el que no podemos dejar de darnos en ningún momento. Estamos imantados, la necesidad del universo de abrazarnos mientras nos abrazamos.
Todos los abrazos del mundo en nuestro abrazo.
Así de sencillo y de exagerado.
Pero es eso. ¿Entendés esta urgente necesidad de correr hacia vos y no dejar de abrazarte? Hasta en el medio del baile no podemos desabrazarnos. Se mueven nuestras piernas, se mueve tu cintura, mis movimientos espasmódicos e intermitentes, siempre con el abrazo como estandarte.
Fuimos eso, somos esto. Todos los abrazos del mundo en nuestro abrazo.
Sabés que me gusta exagerar, pero también sabés que recién no acabo de hacerlo.

28.7.17

Me dijeron que le escriba al Norman del pasado. A los Norman del pasado, a los pequeños, a los que la empezaban a sufrir cuando empezaban a despertar.
Fue en el medio de esas charlas de alcoholes, de la existencia de las vidas paralelas y simultáneas, en planos de ahora y ahora y ahora, porque es todo constante el ahora del ahora del pasado de lo escrito y del presente de la lectura y del habla y del pensar qué pibe pelotudo que es este.
La idea es sanar. Desde un lado que no se sabe muy bien cómo ni qué, pero la idea es sanar.
Me dijeron que les escriba a los Norman del pasado para que dejen de tener miedo, para que no los coma la culpa, para que se perdonen y perdonen a todo eso del universo y de la metafísica y de la vida. Que suelte, soltá, perdoná y todas esas frases del marketing emocional. Pero que en algún momento tienen que servir para poder respirar de verdad.
En el momento me pareció hermoso todo esto, de mis yo del pasado, de verme, de abrazarlos, de que cambien sus pasos, de que dejen de estar cansados. Pero pasan las horas y no sé muy bien qué decirles.
Y el perdonarse a uno mismo, el asumirse autodestructivo y perdonarse por tanto dolor generado. Cómo se hace sin que suene trillado.
¿En modo indictativo? ¿Directo? ¿Sin miedos?
Vos no sos culpable.
Yo te lo puedo decir, Norman niño escondido detrás de una puerta. Yo me lo puedo decir a todas las edades y a todas las horas y en todos los cumpleaños. Lo puedo repetir mil veces. Hasta me lo pueden decir gritándome a los ojos, en el medio del llanto más violento y angustiante, me lo pueden repetir, y puede sonar en decenas de bocas, labios, voces y tonos diferentes, pero… ¿cómo hace uno para sentirlo de verdad en carne propia? Acá, en el medio del pecho, del alma, de todo esto, de los días, del calendario.
¡ESO ES SANAR! Me grito en mayúscula, eso sería sanar. ´
Qué fácil es decir ciertas cosas. Tatuarse mundos que después nos cuesta alcanzarlos. ¿Sabés todas las frases que me quiero tatuar? Memento. Momentos. Necesito recordar lo que me hace respirar, si aparezco con marcas en el cuerpo es para que esas frases se me queden impregnadas en la piel, para despertarme y verlas. Dejar de borrar pasado. Dejar de bloquear pasados. Qué fácil es hablar de todo este tema de sanar y de sacarte de encima el peso más importante de tu vida.
Pero qué fácil también es vivir regocijándote en la culpa, qué fácil es vivir llenándote de mochilas, nunca vaciarlas. Qué fácil es acostarse en la mierda, hacer angelitos de nieve en el dolor. Y sufrirla y hacer un show, y montar toda una personalidad en base a las heridas y al llanto y al no poder, y al mutilarse, mirá los latigazos, son propios. Qué fácil es ser un pelotudo.
Qué fácil también es esto, asumirse como un pelotudo.
Y tal vez la cuestión de sanar no sea tan inalcanzable como creemos y no sea un sanar tan lejano.
Y sea entenderse, y respetarse a uno mismo. Crecer, madurar y toda esa gilada que está pasando constantemente aunque te odies porque creés que no está pasando.
Y parar, y decirles a los Norman del pasado que no sientan culpa, pero que tampoco sientan culpa por sentir culpa. Qué sientan lo que sean y lo que sea o que no sientan nada, que entiendan o que no entiendan. No sé. En este preciso momento en un año tal vez me esté diciendo otra cosa y hable de lo equivocado que estaba en este momento a un año del futuro reto. O tal vez no. Y esté profundizando esto, de la duda permanente, del ir y venir constante. De no saber muy bien de nada pero a las horas saber todo y otra vez no saber de nada.
Norman del pasado, no sientas culpa por sentir y pensar y flashear e imaginar y putear. No te puedo decir otra cosa, no te puedo retar, no puedo señalarte nada.
Alguna vez, en algún momento de eso de los planos y las vidas y en este preciso momento, hay un Norman pensando en la falta del abrazo y de la piel.
Como hace un rato.
Como acostarse y preguntarse.
Preguntarle,
Preguntarte, ¿estarás orgullosa de mi?
Y pensar en el tacto, en cuánto tacto hubo.
¿Me sentiste en tu cuerpo?
¿Sentiste mi piel?
¿Sentí tu piel?
¿Y me viste?  ¿Pudiste abrir los ojos y verme?
¿Te vi? ¿Te habré visto?
Y llenar de preguntas el cielo. Y rogar, pedir, exigir una señal. Una respuesta.
Y la respuesta es esta. Son estos abrazos que uno ama ir recibiendo a lo largo de la vida.
¿Alcanzan? Qué importa si alcanzan, no es un tema de alcanzar, de llenar.
Eso les diría a los Norman del pasado, que no es una cuestión de vaciar y de llenar, de estar vacío o de estar lleno. Que es una cuestión que no sé muy bien explicar ( también les diría que tampoco se preocupen si no saben muy bien explicar las cosas). Pero no es una cuestión de buscar y llenar y escapar y vaciar y volver y estallar y calmar y usar miles de veces la y sin una lógica gramatical.
Los abrazaría y les diría eso, que no tiene que ser una cuestión de vaciar y llenar. No sé muy bien qué sería lo opuesto, tal vez esto, el encontrarse, el pensarse, el disfrutarse, el llorarse, el respirar, el abrazar, el contemplar, el romperse la cabeza de lleno contra la pared. El vivir. El sentir que están haciendo algo para que ella se sienta orgullosa de ustedes. El sentir que estoy haciendo algo para que ella se sienta orgullosa de mi.

20.7.17

I otra vez


Nosotros nunca nos realizamos. 
Somos dos abismos — un pozo contemplando el Cielo

Fernando Pessoa – Letanía


Te dije que iba a seguir. La idea era dividir esto para hacerlo menos tedioso pero no tenía sentido porque ya no estabas más acá. Me dijiste que estabas arriba de un tren, que no podías leer, que el ruido, que la gente, que tenías ganas de hacer algo más divertido que leer esto que nos inventa. Y admito que un poco me deprimí. Entendí que ese tren te estaba alejando más de lo que ya lo estabas. Porque hasta acá no llega ninguno, no hay ningún ramal que te traiga hasta mí. Entonces apagué todo intentando apagar la vida un rato, y otra vez la misma historia de siempre. Eso que ya te conté tantas veces. Sigo inventando y te digo que dormir está sobrevalorado. Necesito sentirme mejor con esto de las ojeras constantes y de no poder extender las siestas.
Y de noche funciono mejor, sigo mintiéndome.
Para qué, preguntarás. No lo sé. Tal vez para esto de inventarte cercana y lejana a mí. Tal vez en esto de inventar un mundo que nos contenga a los dos, porque siempre así es más fácil de sobrellevarnos. Y todo esto de hablar en plural, la mejor forma de escapar de mí. Inventar proyectos, porque los reales nunca se cumplen. Es más, nunca se entienden cuando están existiendo, nunca nos damos cuenta cuándo están sucediendo.
Todo esto de repetir palabras y formas ya conocidas, somos débiles apóstrofes que se mueren cuando se duermen. Invocarnos para salvarnos, porque el terror de la soledad y el no poder hablar. Yo no sé modular, y es un poco por eso de haber estado callado tanto tiempo. Aunque sigo estándolo. Porque siempre es mejor el silencio que las palabras vacías de emoción.
Entonces busco mil formas de alcanzarte.
Esa también puede ser la frase de mi vida.
Mi biografía empezaría en “entonces” y terminaría en “alcanzarte”.
No me hagas preguntas, no ves que es todo un juego para disimular la falta de interés por todo esto.

Y acá había muchas más palabras. Pero el Word se volvió loco, una película para toda la familia. En las peores salas. No vayas a verla en la primera semana así la levantan y no vuelve a aparecer. Y querer romper todo porque ya ni te acordás qué ideas estabas uniendo. Ah, pero qué importante que se te cague en algo así tan sin sentido, en un par de hojitas de una extensa tesis que habla de vos y de mi.
Importantísimo.
Tan importante como hablarnos en presente, aunque no quieras existir, aunque me cueste esto de existir. Volver a decir lo mismo.
Hablar en plural para salvarnos, aferrarme a una idea que ya comprobaste que no es real. Porque en el medio está esa vida que te aterra, y están los días y los viajes y los silencios que aturden. La puta madre, desde cuándo aturde el silencio. Dame silencio, hay que bajar el volumen del mundo. Todo tan frase hecha. Y mediocre. Como no poder cambiar el colchón. Debe ser eso, debe ser el colchón, y la sombra que falta. Porque está todo oscuro pero no veo nada. Por lo menos cuando te imagino acá si te veo en el medio de la oscuridad. No sé si alguna vez te diste cuenta. Mirá a alguien en la oscuridad. Vas a ver que brilla. Brilla su cuerpo, su alma, su energía y toda esa gilada new age o de hippie con osde. Pero es en serio. Hay algo que brilla. Y acá está todo desteñido, ni blanco ni negro. Uno solo. Sólo un color.
Y dicen que el sólo ya no tiene que escribirse con tilde, pero necesito hacerlo, me da terror esto de estar solo sin tilde. Me da terror eso de la soledad, y qué mierda hablo de querer silencio si después me tiembla el cuerpo y necesito compañía.
Somos el intento de invento más imbécil que creíamos que podíamos inventar. La mediocridad tiene mi rostro, desgrabo pensamientos como si fuera algo novedoso cuando lo único que estoy haciendo es intentar vaciarme. Porque primero hay que vaciarse. Y después hay que salir. Salir a un lugar qué no sé muy bien cuál es pero que ya de antemano me da terror. Como todo esto. Porque hay que repetirlo mil veces, para banalizarlo, para entender que es todo tan efímero y que no podemos perder tiempo en creer que todo esto puede doler.
Pero quién sos vos, quién soy yo para decir lo que tenemos que hacer. Perdé el tiempo que sea, perdelo, perdé horas de sueño, viví con cansancio, perderte en este fernet con esa coca que se quedó sin gas hace tres días.
Perdete, desármate, hacete mierda el hígado. Si tanto terror te da la vida, créate un monstruo verdadero.
Y cuando estés así, asqueado, con miedo, lleno de terror de vos, del monstruo que creaste, invéntate una sonrisa ajena, lejana. Inventá un abrazo que tenés que alcanzar. Inventá un refugio. Total, es Galeano, la utopía y los pasos. Nuestro refugio, combatir esta guerra interna, soy mi propia oscuridad, el boicot como estandarte. Pero todo lo que te inventes va a quedar deforme y chiquitito ante el mensaje que te llega a las dos de la mañana y que no leés a tiempo, que mirás tarde, porque el Word es una mierda pero intenta ayudarnos a salvarnos un poquito. Y cómo voy a escribir a mano si ya la cabeza funciona mucho más rápido de que lo que mi caligrafía de mierda puede esbozar.
Otra vez nada tiene sentido. Como eso de respirar y la falta de interés por lograr.
Rimas estúpidas, como quien cree que puede jugar en el mismo equipo que Riquelme pero lo primero que hacés cuando te viene la pelota es agarrarla con la mano. Siempre tan inútil. No entendés los juegos. No entendés este juego de inventar un refugio para sanar porque lo terminás convirtiendo en una mirada real que nunca vas a alcanzar.
Decís que no sufrís, decís que disfrutar eso de no tenerlo. Mentira. Te acaba de decir que extraña a la persona que ama, y te acaba de destruir el juego. Porque cuando aparece la realidad así, de golpe, quedás en offside en el medio de la madrugada, y todo lo que puedas inventar para refugiarte en una casa hermosa de fantasía es una casa que no es hermosa, que no tiene puertas, que no tiene paredes, que no tiene techos, que no tiene estrellas, que no es casa. Ves, no podés ni ser tu propia fantasía que la realidad siempre te termina rompiendo la mandíbula antes del knockout. Pero, dale, no importa, vos mañana volvete a inventar todo esto. Y la fantasía y el refugio y el plural y todo eso que te hace sentir mejor con vos mismo. Total, tenés un changuí de un par de horas hasta que te vuelvas a dar cuenta que seguís desangrando y no sabés cómo cicatrizar.