20.7.17

I otra vez


Nosotros nunca nos realizamos. 
Somos dos abismos — un pozo contemplando el Cielo

Fernando Pessoa – Letanía


Te dije que iba a seguir. La idea era dividir esto para hacerlo menos tedioso pero no tenía sentido porque ya no estabas más acá. Me dijiste que estabas arriba de un tren, que no podías leer, que el ruido, que la gente, que tenías ganas de hacer algo más divertido que leer esto que nos inventa. Y admito que un poco me deprimí. Entendí que ese tren te estaba alejando más de lo que ya lo estabas. Porque hasta acá no llega ninguno, no hay ningún ramal que te traiga hasta mí. Entonces apagué todo intentando apagar la vida un rato, y otra vez la misma historia de siempre. Eso que ya te conté tantas veces. Sigo inventando y te digo que dormir está sobrevalorado. Necesito sentirme mejor con esto de las ojeras constantes y de no poder extender las siestas.
Y de noche funciono mejor, sigo mintiéndome.
Para qué, preguntarás. No lo sé. Tal vez para esto de inventarte cercana y lejana a mí. Tal vez en esto de inventar un mundo que nos contenga a los dos, porque siempre así es más fácil de sobrellevarnos. Y todo esto de hablar en plural, la mejor forma de escapar de mí. Inventar proyectos, porque los reales nunca se cumplen. Es más, nunca se entienden cuando están existiendo, nunca nos damos cuenta cuándo están sucediendo.
Todo esto de repetir palabras y formas ya conocidas, somos débiles apóstrofes que se mueren cuando se duermen. Invocarnos para salvarnos, porque el terror de la soledad y el no poder hablar. Yo no sé modular, y es un poco por eso de haber estado callado tanto tiempo. Aunque sigo estándolo. Porque siempre es mejor el silencio que las palabras vacías de emoción.
Entonces busco mil formas de alcanzarte.
Esa también puede ser la frase de mi vida.
Mi biografía empezaría en “entonces” y terminaría en “alcanzarte”.
No me hagas preguntas, no ves que es todo un juego para disimular la falta de interés por todo esto.

Y acá había muchas más palabras. Pero el Word se volvió loco, una película para toda la familia. En las peores salas. No vayas a verla en la primera semana así la levantan y no vuelve a aparecer. Y querer romper todo porque ya ni te acordás qué ideas estabas uniendo. Ah, pero qué importante que se te cague en algo así tan sin sentido, en un par de hojitas de una extensa tesis que habla de vos y de mi.
Importantísimo.
Tan importante como hablarnos en presente, aunque no quieras existir, aunque me cueste esto de existir. Volver a decir lo mismo.
Hablar en plural para salvarnos, aferrarme a una idea que ya comprobaste que no es real. Porque en el medio está esa vida que te aterra, y están los días y los viajes y los silencios que aturden. La puta madre, desde cuándo aturde el silencio. Dame silencio, hay que bajar el volumen del mundo. Todo tan frase hecha. Y mediocre. Como no poder cambiar el colchón. Debe ser eso, debe ser el colchón, y la sombra que falta. Porque está todo oscuro pero no veo nada. Por lo menos cuando te imagino acá si te veo en el medio de la oscuridad. No sé si alguna vez te diste cuenta. Mirá a alguien en la oscuridad. Vas a ver que brilla. Brilla su cuerpo, su alma, su energía y toda esa gilada new age o de jippie con osde. Pero es en serio. Hay algo que brilla. Y acá está todo desteñido, ni blanco ni negro. Uno solo. Sólo un color.
Y dicen que el sólo ya no tiene que escribirse con tilde, pero necesito hacerlo, me da terror esto de estar solo sin tilde. Me da terror eso de la soledad, y qué mierda hablo de querer silencio si después me tiembla el cuerpo y necesito compañía.
Somos el intento de invento más imbécil que creíamos que podíamos inventar. La mediocridad tiene mi rostro, desgrabo pensamientos como si fuera algo novedoso cuando lo único que estoy haciendo es intentar vaciarme. Porque primero hay que vaciarse. Y después hay que salir. Salir a un lugar qué no sé muy bien cuál es pero que ya de antemano me da terror. Como todo esto. Porque hay que repetirlo mil veces, para banalizarlo, para entender que es todo tan efímero y que no podemos perder tiempo en creer que todo esto puede doler.
Pero quién sos vos, quién soy yo para decir lo que tenemos que hacer. Perdé el tiempo que sea, perdelo, perdé horas de sueño, viví con cansancio, perderte en este fernet con esa coca que se quedó sin gas hace tres días.
Perdete, desármate, hacete mierda el hígado. Si tanto terror te da la vida, créate un monstruo verdadero.
Y cuando estés así, asqueado, con miedo, lleno de terror de vos, del monstruo que creaste, invéntate una sonrisa ajena, lejana. Inventá un abrazo que tenés que alcanzar. Inventá un refugio. Total, es Galeano, la utopía y los pasos. Nuestro refugio, combatir esta guerra interna, soy mi propia oscuridad, el boicot como estandarte. Pero todo lo que te inventes va a quedar deforme y chiquitito ante el mensaje que te llega a las dos de la mañana y que no leés a tiempo, que mirás tarde, porque el Word es una mierda pero intenta ayudarnos a salvarnos un poquito. Y cómo voy a escribir a mano si ya la cabeza funciona mucho más rápido de que lo que mi caligrafía de mierda puede esbozar.
Otra vez nada tiene sentido. Como eso de respirar y la falta de interés por lograr.
Rimas estúpidas, como quien cree que puede jugar en el mismo equipo que Riquelme pero lo primero que hacés cuando te viene la pelota es agarrarla con la mano. Siempre tan inútil. No entendés los juegos. No entendés este juro de inventar un refugio para sanar porque lo terminás convirtiendo en una mirada real que nunca vas a alcanzar.
Decís que no sufrís, decís que disfrutar eso de no tenerlo. Mentira. Te acaba de decir que extraña a la persona que ama, y te acaba de destruir el juego. Porque cuando aparece la realidad así, de golpe, quedás en offside en el medio de la madrugada, y todo lo que puedas inventar para refugiarte en una casa hermosa de fantasía es una casa que no es hermosa, que no tiene puertas, que no tiene paredes, que no tiene techos, que no tiene estrellas, que no es casa. Ves, no podés ni ser tu propia fantasía que la realidad siempre te termina rompiendo la mandíbula antes del knockout. Pero, dale, no importa, vos mañana volvete a inventar todo esto. Y la fantasía y el refugio y el plural y todo eso que te hace sentir mejor con vos mismo. Total, tenés un changuí de un par de horas hasta que te vuelvas a dar cuenta que seguís desangrando y no sabés cómo cicatrizar.

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