3.8.17

Como que en el medio del tráfico empecé a leer el libro que me prestaste para entenderte un poco más. Porque no te conozco, porque no nos conocemos. Entonces quise sentirte cerca para escaparme un ratito de esa turbulencia que me ahoga.
¿Y cómo hago para que pasen las horas y los días, todo tiempo muerto entre abrazo y abrazo?
La injusticia acá, en estas palabras, para con el resto de mi vida, con mi vida básicamente. Hablar de tiempo muerto entre abrazo y abrazo puede sonar exagerado, pero nunca negué que no lo era. Y dormir de tu lado de la cama, y querer volver para no hacerlo más, para ponerme del lado de la silla y los libros y la ropa. Te dejo la mesita de luz, ese es tu lugar, me decís. Y a mi no me importa tener que apoyar mis miedos y mis dudas y mi vida en una silla que con cualquier movimiento puede derrumbarse.
No importa tener que desvestirme de todas mis dudas viejas y quedarme así, desnudo, ante tu abrazo que generan dudas nuevas. Aunque no son dudas. No sé qué son.
Dudas son otras cosas.
No la urgente necesidad de caer en tu abrazo. Esas no son dudas. Es realidad.
Me decís que no idealice. Pero no estoy idealizando.
Tu abrazo es terrenal. Y creo que por eso nos abrazamos tan bien. ¿Acaso no lo ves?, es medio ingenuo hablar de abrazos que se encastran, que se acoplan, que maridan en un lenguaje que no podemos explicar. Pero es eso. Esto.
Es ese abrazo en la silla. ¿Te dije que podía estar horas enteras así? Creo que sí, es que a veces me da miedo decir de más, por temor a que mi torpe impulso de sonrisa te asuste.
Acá suena una música que puede ser la banda sonora de esa imagen. No me acuerdo qué sonaba en ese momento, seguro que fueron varios temas porque estuvimos un largo rato envueltos en ese abrazo. Decime si no fue nuestra imagen más hermosa. Y esta brutalidad de tener que exagerar, pero vos en el fondo sabés que no exagero. Los dos nos necesitábamos así en ese momento. Y yo lo necesito ahora, todo el tiempo.
Por eso hablo de los tiempos muertos entre abrazo y abrazo, y no saber cómo vivir hasta un nuevo reencuentro, un nuevo saludo, un nuevo y el mismo abrazo. Como el primero, como el que no podemos dejar de darnos en ningún momento. Estamos imantados, la necesidad del universo de abrazarnos mientras nos abrazamos.
Todos los abrazos del mundo en nuestro abrazo.
Así de sencillo y de exagerado.
Pero es eso. ¿Entendés esta urgente necesidad de correr hacia vos y no dejar de abrazarte? Hasta en el medio del baile no podemos desabrazarnos. Se mueven nuestras piernas, se mueve tu cintura, mis movimientos espasmódicos e intermitentes, siempre con el abrazo como estandarte.
Fuimos eso, somos esto. Todos los abrazos del mundo en nuestro abrazo.
Sabés que me gusta exagerar, pero también sabés que recién no acabo de hacerlo.

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